
¿Santo?, bohemio, achorado, bronquero, faite, carne de cárcel, ladrón; pero también cosmetólogo y voleibolista… Una mirada distinta del ídolo popular que con su música, hacía bajar a los cerros.
Mas allá de los datos históricos como la fecha de su nacimiento o la edad que tenía cuando de niño vislumbró su futuro como artista, o el día de su muerte… mas allá de estas cifras enmarcadas dentro de un contexto dramatizado como lo fue la exitosa serie de televisión que vimos en la televisión hace un tiempo, hay mucho que no se ha dicho sobre el mítico Lorenzo Palacios “Chacalón”.
Hay un ser humano que nació y se crió en un ambiente lumpen, delincuencial, en uno de los barrios más peligrosos de La Victoria (Lima), donde la vida vale poco o nada, donde conviven prostitutas, cafichos y ladrones de poca y mucha monta, donde para ser respetado hay que ser un faite. Chacalón fue unos de ellos.
Cholo pendejo
“¿Un santo? ¿Buena gente? Eso es lo último que podía ser Chacalón. El fue un pendejo de barrio. No tenía otra opción. Era bronquero, tenía las fachas del achorado, del maleante, era carne de cárcel. Desde niño tuvo que hacer de “pájaro frutero”, de piraña como le llaman hoy en día. Mas grandecito participó en “cosas” mayores. Su pecho y sus brazos llenos de tajos y tatuajes no eran por buena gente”, afirma a boca de jarro el experimentado periodista Eloy Jáuregui, quien lo conoció bien y compartió con el músico más de una amanecida chelera.
Este dato por sí solo nos da luces respecto al tipo de gente que siempre lo siguió incondicionalmente. No por gusto se afirma que Chacalón fue el mejor vendedor de cerveza de todos los tiempos. Ni siquiera las 800 o mil cajas que se vendían en un show de Dina Páucar en su mejor momento, o la cantidad de botellas que se expenden en los conciertos del Grupo 5 o de Los caribeños de Guadalupe actualmente superan las borracheras que los fanáticos del “muchacho provinciano” se daban por entonces.
La juerga con Chacalón era “la juerga”. Mientras el cantante y la Nueva Crema se desgañitaba en el escenario, la gente se divertía en pequeños grupos que rodeaban torres y hasta muros de cajas de cerveza. Todos libaban –incluyendo el cantante-- hasta embriagarse y bailaban con los dedos índices en alto. Este típico estilo del achorado, no significa otra cosa que quien así danza, carga un puñal consigo.
Pero ¿cómo destacó un serrano como Chacalón en barrio más bien de negros pendencieros como es La Victoria? Una de las razones es que era “uno de ellos”, no en el color pero sí en las maneras y en las (a veces malas) costumbres. La otra razón… muy simple, y a diferencia de lo que se cree, Chacalón y su orquesta no sólo tocaba cumbia y chicha. En sus conciertos sonaba mucho la llamada salsa dura, que interpretaba con un estilo muy propio, para beneplácito de todos.
Otra anécdota que lo descubre como una persona nada santa, es una que recuerda el productor de espectáculos y actual productor de La movida de Jeanet (Panamericana Televisión), Nilver Huarac. “Chacalón era muy querido en los penales, ahí lo idolatraban. El mismo me contó, sin darme muchos detalles, que estuvo preso por un buen tiempo, y que durante esa época se sintió el recluso más feliz del mundo, porque todos los adoraban. Era su gente, pues… Incluso muchas veces le organice shows en diferentes cárceles y el ingresaba, camuflados entre sus instrumentos, regalitos personales para sus amigos internos”, detalla Huarac.
Cosmetólogo
Pero existe un tercer Chacalón. Uno que jugaba voley por las tardes, con el torso desnudo y en sandalias, en la pista de su cuadra. Uno que, preocupado por su futuro, estudió cosmetología y costura junto a su esposa y que, según Jáuregui, hasta se volvía amanerado cuando se embriagaba. Que se cosía sus propias camisas vistosas y colorinches que llamaban la atención de todo el mundo. Uno que ahora hubiese sido un metrosexual (o cerrosexual, para ser más exactos) por el esmero que ponía en cuidar su cabello y acicalárselo a cada momento. “usaba perfumes finos y enormes anillos de oro puro”, recuerda Huarac.
Chambero
Hay un ser humano que nació y se crió en un ambiente lumpen, delincuencial, en uno de los barrios más peligrosos de La Victoria (Lima), donde la vida vale poco o nada, donde conviven prostitutas, cafichos y ladrones de poca y mucha monta, donde para ser respetado hay que ser un faite. Chacalón fue unos de ellos.
Cholo pendejo
“¿Un santo? ¿Buena gente? Eso es lo último que podía ser Chacalón. El fue un pendejo de barrio. No tenía otra opción. Era bronquero, tenía las fachas del achorado, del maleante, era carne de cárcel. Desde niño tuvo que hacer de “pájaro frutero”, de piraña como le llaman hoy en día. Mas grandecito participó en “cosas” mayores. Su pecho y sus brazos llenos de tajos y tatuajes no eran por buena gente”, afirma a boca de jarro el experimentado periodista Eloy Jáuregui, quien lo conoció bien y compartió con el músico más de una amanecida chelera.
Este dato por sí solo nos da luces respecto al tipo de gente que siempre lo siguió incondicionalmente. No por gusto se afirma que Chacalón fue el mejor vendedor de cerveza de todos los tiempos. Ni siquiera las 800 o mil cajas que se vendían en un show de Dina Páucar en su mejor momento, o la cantidad de botellas que se expenden en los conciertos del Grupo 5 o de Los caribeños de Guadalupe actualmente superan las borracheras que los fanáticos del “muchacho provinciano” se daban por entonces.
La juerga con Chacalón era “la juerga”. Mientras el cantante y la Nueva Crema se desgañitaba en el escenario, la gente se divertía en pequeños grupos que rodeaban torres y hasta muros de cajas de cerveza. Todos libaban –incluyendo el cantante-- hasta embriagarse y bailaban con los dedos índices en alto. Este típico estilo del achorado, no significa otra cosa que quien así danza, carga un puñal consigo.
Pero ¿cómo destacó un serrano como Chacalón en barrio más bien de negros pendencieros como es La Victoria? Una de las razones es que era “uno de ellos”, no en el color pero sí en las maneras y en las (a veces malas) costumbres. La otra razón… muy simple, y a diferencia de lo que se cree, Chacalón y su orquesta no sólo tocaba cumbia y chicha. En sus conciertos sonaba mucho la llamada salsa dura, que interpretaba con un estilo muy propio, para beneplácito de todos.
Otra anécdota que lo descubre como una persona nada santa, es una que recuerda el productor de espectáculos y actual productor de La movida de Jeanet (Panamericana Televisión), Nilver Huarac. “Chacalón era muy querido en los penales, ahí lo idolatraban. El mismo me contó, sin darme muchos detalles, que estuvo preso por un buen tiempo, y que durante esa época se sintió el recluso más feliz del mundo, porque todos los adoraban. Era su gente, pues… Incluso muchas veces le organice shows en diferentes cárceles y el ingresaba, camuflados entre sus instrumentos, regalitos personales para sus amigos internos”, detalla Huarac.
Cosmetólogo
Pero existe un tercer Chacalón. Uno que jugaba voley por las tardes, con el torso desnudo y en sandalias, en la pista de su cuadra. Uno que, preocupado por su futuro, estudió cosmetología y costura junto a su esposa y que, según Jáuregui, hasta se volvía amanerado cuando se embriagaba. Que se cosía sus propias camisas vistosas y colorinches que llamaban la atención de todo el mundo. Uno que ahora hubiese sido un metrosexual (o cerrosexual, para ser más exactos) por el esmero que ponía en cuidar su cabello y acicalárselo a cada momento. “usaba perfumes finos y enormes anillos de oro puro”, recuerda Huarac.
Chambero
y buen papá
Asimismo, hay un último rasgo de su forma de ser que coinciden en destacar todos aquellos que lo conocieron bien: Un inmenso amor por su familia. “De sus 15 o 20 hermanos, el es el único que ha logrado, hasta después de muerto, sacar adelante a su familia. Les ha dado estudios a todos sus hijos y siempre se preocupó por ellos, siempre los puso por delante de su bohemia y de su vida desarreglada”, precisa Jáuregui.
Ese también fue Chacalón, un músico predestinado para la fama, la misma que logró gracias a sus amplias y hábiles dotes marketeras. Era de los pocos artistas que se aparecía por el estadio del Alianza Lima vistiendo la camiseta blanquiazul, no perdía la oportunidad de acudir a la televisión y aparecer en la prensa popular para mostrar su arte… además su carisma y buen humor le abrieron siempre muchas puertas.
Dicen que se hizo amigo de Augusto Ferrando y la leyenda cuenta que quien le puso el mote de “Faraón del cumbia” fue otro faraón, el de la salsa: Oscar de León. Era simpático Lorenzo Palacios… simpático y marginal. Pero Chacalón era más de lo que todos recordamos o queremos recordar, mucho más.
Musicalmente,
Asimismo, hay un último rasgo de su forma de ser que coinciden en destacar todos aquellos que lo conocieron bien: Un inmenso amor por su familia. “De sus 15 o 20 hermanos, el es el único que ha logrado, hasta después de muerto, sacar adelante a su familia. Les ha dado estudios a todos sus hijos y siempre se preocupó por ellos, siempre los puso por delante de su bohemia y de su vida desarreglada”, precisa Jáuregui.
Ese también fue Chacalón, un músico predestinado para la fama, la misma que logró gracias a sus amplias y hábiles dotes marketeras. Era de los pocos artistas que se aparecía por el estadio del Alianza Lima vistiendo la camiseta blanquiazul, no perdía la oportunidad de acudir a la televisión y aparecer en la prensa popular para mostrar su arte… además su carisma y buen humor le abrieron siempre muchas puertas.
Dicen que se hizo amigo de Augusto Ferrando y la leyenda cuenta que quien le puso el mote de “Faraón del cumbia” fue otro faraón, el de la salsa: Oscar de León. Era simpático Lorenzo Palacios… simpático y marginal. Pero Chacalón era más de lo que todos recordamos o queremos recordar, mucho más.
Musicalmente,
no aportó
Uno de los lados negativos de Papá Chacalón, profesionalmente hablando es que nunca dejó de ser un músico amateur y “chivero”. A diferencia de sus contemporáneos Vico y su grupo Karicia o Los Shapis, por citar algunos, nunca capitalizó lo ganado. A decir de Eloy Jáuregui, periodista y catedrático especialista es cultura social popular, “Chacalón ni siquiera aportó nada musicalmente. No tuvo afán de trascendencia y mas allá de haber tenido miles de seguidores –la gran mayoría con nivel económico y cultural paupérrimo—Lorenzo Palacios nunca fue mejor que los otros grupos con los que compartió escenarios género musical”.
Pese a ello, el cariño del pueblo con este ídolo popular tiene muy pocos precedentes. Tanto en vida como ahora ya en su tumba, Chacalón sigue bajando los cerros y es considerado por muchos un santo milagroso. Su tumba esta siempre con flores frescas y velas encendidas, eso ya dice mucho.
Pese a ello, el cariño del pueblo con este ídolo popular tiene muy pocos precedentes. Tanto en vida como ahora ya en su tumba, Chacalón sigue bajando los cerros y es considerado por muchos un santo milagroso. Su tumba esta siempre con flores frescas y velas encendidas, eso ya dice mucho.
Por Dany Tsukamoto
dany.tsukamoto@gmail.com
dany.tsukamoto@gmail.com
1 comentario:
Solo quiero decirte algo, me gusta como escribes.
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